CALLE 124


Calle 124, número 78,
entre Segunda y Tercera,
invierno del veintinueve
que frizaba hasta los huesos
en la ciudad de New York;
un sótano despintado
renegrido por la estufa
de hollín y carbón de piedra,
y una ventana agrietada
donde el frio se colaba
por toda la habitación.

¡Ay, qué vida se da el paria,
tan llena de privaciones
en una ciudad sin alma,
sin calor ni protección!
Y aquel invierno tedioso
era lento y se alargaba,
y aquella nieve enfangada
que enlodaba mi ambición.

En aquel sótano frío de la 124
mis amigos de cumbancha
entonábamos canciones
con guitarras emprestadas
y mi viejo cornetín.
Entre todos los bohemios
yo recuerdo con tristeza
a Pacheco, el parodista,
al cuatrista El Colorao,
a don López y al gran Mitchell
y al Negrito Chapotín

(Se repite la segunda estrofa)