HERIDA MORTAL


Adelante, señora,
la estaba esperando.
Tome asiento, señora,
y vamos hablando.

Soy el doctor de las almas,
conozco su mal,
tenga usted mucha calma
que la voy a tratar.

Sus ojos tan triste
denotan la pena
de noches terribles.

Se ven ya marchitos
los rojos claveles
de su boca en flor;
y tiemblan sus manos
cual lirios que azotan
la lluvia temprana,
y ya la cascada
de su cabellera
se ve tornasol.

Respira muy hondo,
parece no puede
guardar en su pecho
la pena tan grande
que lleva prendida
de su corazón.

Señora, quisiera
salvarle la vida,
pero es imposible.
La herida es terrible
no tiene remedio,
la mata el amor.