IMPIA
Abandonaste tu amor,
y hasta tu hijo se enfermó
de verguenza al contemplarte.
Te maldigo mi amor
y te maldigo la criatura infeliz
que abandonaste.
Cuando la vida te mire
con desprecio,
y que te niegue la paz
y la alegría,
no te arrepientas
del daño que has hecho
a estas almas que sufren todavía.
Cuando los rizos de oro
de tu frente
se tornen plata,
al pasar de los dias
oirás un hijo llamándote
inclemente,
y un hombre que te amó
llamándote, impía;
y un hombre que te amó
llamándote, impia.