INFIERNO Y CIELO


Ya era tarde cuando el cielo nos bendijo,
en tu pecho aquel amor ya se extinguía.
Fue por eso que segaste la existencia
del  ángel de mi amor, ¡Virgen María!
Le negaste el calor de tus entrañas,
le negaste el derecho de nacer.
En mis sueños yo lo he visto muchas veces;
¡qué mala, que perversa eres, mujer!