San Carlos Borromeo nació en el año 1538 en el Castillo de Arona, murió en el 1584, en
Milán; fue el segundo hijo del Conde Gilberto Borromeo y Margarita de Médecis, hermana del
Papa Pío IV. Educado religiosamente en Milán por el párroco de San Ambrosio, recibió la
tonsura en 1550 y le fue concedida, en encomienda, la abadía de los Santos Gratiniano y Felino,
en Arona. Desde 1552, estudió en la Universidad de Pavía y. el 6 de diciembre de 1569, recibió el
grado de doctor en Derecho Civil y Canónico. Pocos días después, su tío Juan Ángel fue elegido
Papa, y llamó junto a sí su sobrino, asignándole elevados cargos. El 31 de enero de 1560, éste fue
elegido Cardenal diácono y el 18 de febrero del mismo año, arzobispo de Milán, con la obligación
de residir en Roma y gobernar la diócesis por medio del vicario. Al mismo tiempo, fue nombrado
protonotario apostólico refrendario, gobernador de la legación pontificia de Bolonia y de la Marca
de Ancona; también fue nombrado protector de Portugal, Países Bajo y Cantones Católicos de
Suiza, de la Orden de la Malta y de otras varias Ordenes religiosas, como las de los Franciscanos
y Carmelitas. Tuvo además el Leonor de inaugurar, en la historia de la Iglesia, la serie de
secretarios de Estado. Tan amplias concesiones hechas por un Pontífice a un sobrino, desataron la
crítica de muchos, mas pronto, se puso de manifiesto lo acertado en la elección.
Sombrío era el panorama que se ofrecía a la cristiandad. El Concilio de Trento, convocado
de nuevo en 1550, había sido de nuevo interrumpido por las amenazas de Mauricio de Sajonia.
Entonces el cardenal Borromeo, venciendo grandes dificultades, indujo al Pontífice Pío IV a
convocar de nuevo el Concilio, cuya reapertura tuvo efecto el 18 de enero de 1562. En este
mismo año murió su hermano Federico y se le presentó a Carlos el problema de elegir
definitivamente el estado eclesiástico, o casarse para conservar la descendencia de su ilustre casa;
pero él renunció a lo humano por lo divino, y en septiembre de 1563 fue ordenado sacerdote por
el Cardenal Cesa, en Santa María La Mayor para entregarse, con gran celo, a las tareas del
Concilio.